Llego a Agramunt a media tarde. Es octubre y, según subo y bajo las suaves lomas de color ocre, no paro de encontrarme con tractores que llevan y traen abono y pesados materiales para el campo. Lot Roca me recibe en la vieja harinera que heredó de su abuelo y que se ha encargando de situar entre las favoritas de muchos panaderos que aman el oficio.
Curiosamente, cuando llego al edificio principal, Lot está horneado unas hogazas de prueba con sus harinas. Esta mujer no sólo tiene muy claro lo que quiere de sus harinas, sino que sabe de pan y se preocupa de aprender más acerca del oficio con una pasión e interés que ya querrían para sí muchos panaderos. Lot tiene un aspecto dulce: es rubia, tiene ojos azules y una suave voz; sin embargo, no tiene pelos la lengua y habla muy clarito de las malas prácticas que son muy comunes en la industria, de malas harinas y malos panes… también de buenos panaderos, de lugares y nombres. Su interés por el pan y las harinas parece no tener límite.
Sin darme cuenta, se hace de noche visitando su harinera, hablando de variedades de cereales, de panes y panaderos. Uno tiene la sensación que podría agotar las palabras hablando con esta mujer. Esta es la entrevista que le hice: harina, pan y cosas interesantes.
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